Home

imagesHoy me he topado con una historia. Una historia con muchos responsables institucionales y que, hoy por hoy no es que tenga un final triste, es que es un final realmente insultante. Un hombre, llamémosle Andrés, de cuarenta años, con bachillerato y en silla de ruedas que lleva 12 años en el paro más fastidioso, decide hacer un curso especializado de Ofimática en el que las personas como él tienen preferencia.

Digamos que cuando personas como Andrés tienen preferencia, uno se supone que el lugar de impartición del curso es céntrico y está bien comunicado; no tiene barreras arquitectónicas; no supone una gran pérdida de tiempo el utilizado en el transporte público. Personas como él que llaman “en riesgo de exclusión social” por las dificultades que le ha puesto la vida por delante.

Pues bien, el centro no está céntrico. De hecho está en el PTA y algunos alumnos me cuentan que tardan una hora y media en llegar.

El curso, además, no tiene becas de transporte ni de nada. Personas en riesgo de exclusión social como Andrés tienen que  pagarse su transporte para hacer un curso que quizás, quizás, les ayude de algo ¿o no? Por que ahora viene otro asunto: este curso no está homologado por culpa de la Junta de Andalucía que ha tardado más de dos años en firmar un convenio que lo hace posible. Y por tanto las 389 horas de formación es más que probable que no sirvan para nada.

Pero aún con ánimo positivo este hombre coge cada día el camino, se monta en su silla de ruedas, coge el autobús y cuando llega una hora y media más tarde…. el autobús le deja al pie de la carretera en una rotonda de densísimo tráfico y sin acera. ¿Cómo es que las paradas de autobús del Parque Tecnológico de Andalucía dejen a los ciudadanos al pie de la carretera? Andrés pasaba tanto miedo en la rotonda que dejó el curso.

La historia me ha dejado tocada porque todo sería distinto si al menos algunas de las condiciones del curso fueran distintas. Hoy he ido a verles, al resto de sus compañeros todos superando cada día la fuerte experiencia de llegar al centro de formación. Daba gusto verles, no se sentían nada ofendidos por el mal trato que les da la sociedad: un centro fuera de la ciudad; una Junta de Andalucía que no les da becas de transporte ni los apoya; un ayuntamiento, el de Málaga que no construye aceras donde paran los autobuses.

Eso sí, la formadora es un sol, pero cuando les dejé, me vino a la mente la imagen sonriente de Andrés en su DNI, donde no aparece la silla de ruedas con la que se tiene que hacer un hueco en este mundo tan difícil. A pesar de que tengo que volver les deseé mucha suerte. Pero cuando subí en el coche me pregunté a mi misma ¿de qué hablamos cuando hablamos de  exclusión? No lo sé. Y creo que la mayor parte de los políticos que hablan de ella no tienen ni idea de lo que personas como Andrés tienen que hacer cada día. Y lo que es peor, de la cantidad de cosas a las que tienen que renunciar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s