Home

cropped-1396047_10202313531550292_1783504663_n.jpg

En el 2015 cumplí sesenta años. Sí soy parte de la “gloriosa” generación de 1955 que ha dado al mundo grandes luchadores y luchadoras, escritores, y sobre todo, gente con sentido común y ánimo para luchar contra las fronteras y las desigualdades. Es una forma de hablar, se entiende…

Siempre me he tenido por una persona animosa, pero este año creo que no ha sido así. He llorado de desesperación ante un grifo que no podía arreglar, un mueble que me costaba cambiar de sitio, un desavío técnico o eléctrico en la casa o ante la brusca explosión de un par de bombillas. Antes no era así, todas estas cosas las superaba sin problemas, pero ahora me cuestan mucho más y… es que me estoy haciendo mayor.

Pero sobre todo me he visto incapacitada para gritar como antes y mi indignación no ha logrado convertirse en rebelión. Me han podido. Han sido muchos años viendo el deterioro de Palestina bajo una ocupación tan perversa que se hunde en las raíces morales de ambos pueblos. Una ocupación que también ha acabado con los principios del Derecho Internacional y con la vigencia de las Convenciones de Ginebra, dado que ha marcado cada párrafo de dichos textos con la tinta de la impunidad y la complicidad.

Han sido, también muchos años viendo desangrarse a Siria mientras una gran parte de la izquierda mundial, depositaria de la conciencia y el compromiso, decidió crear un espacio-ghetto donde las violaciones de derechos humanos eran permisibles, donde la muerte no era digna de ser nombrada, donde el exilio se asentaba en la culpa de las propias víctimas. Una izquierda que, en consecuencia, silenció cualquier tipo de protesta sobre esa guerra y miró a otra parte.

La prepotencia de Rusia y su implicación en constantes conflictos en su entorno y en Oriente Medio ha sido de nausea. Si aún no consigo olvidar Chechenia, ni los asesinatos de quienes denunciaban los crímenes cometidos en nombre del Estado, ahora Ucrania y también Siria, por lo menos, sufren sus constantes ataques.

Pero los sesenta millones de personas desplazadas me pueden también. Este año me he vuelto tejedora y he tejido mantas para los niños sirios, y he dado charlas y he colaborado en la campaña de recogida de materiales. Pero ya está nevando en los campos de refugiados de Siria y nuestra ayuda es siempre tan pequeña que apenas me sosiega. He dado charlas y he denunciado la situación. Pero sigue siendo tan poca cosa… Sesenta millones de personas son más que las que componen este país y se encuentran deambulando por el mundo, ocultas en zonas protegidas, bajo tiendas de campaña, sufriendo las inclemencias del tiempo y del olvido del mundo. Y mientras aumenta el éxodo, disminuyen las posibilidades del retorno porque los conflictos son cada vez más complicados, sus resoluciones más difíciles y las huellas y el dolor generado más difíciles de olvidar.

Iraq, Siria, Palestina, Sudán del Sur, Nigeria, Afganistán, Yemen, Libia sufren las consecuencias de guerras de distinta intensidad. Otros países, como Arabia Saudí o Egipto están regidos por dictaduras corruptas y criminales a las que apenas nos da tiempo a atender o denunciar por un twitt, que, como el gorjeo de un pájaro, se va en un instante.

He cumplido sesenta años y hace casi cuarenta que me sentaba en los asfaltos y paraba, cortando carreteras, a camiones que llevaban cargas nucleares. Desde entonces hasta ahora el deterioro del planeta ha sido tan grande que corremos muchos peligros y a pesar de todo ello, muchos países siguen sin adoptar ninguna medida de cambio. Y a pequeña escala, seguimos sin modificar nuestras rutinas o los modelos de consumo. No se construyen edificios eficientes, ni ciudades eficientes, ni transportes públicos seductores que nos ayuden a eliminar coches de las calles. Seguimos tristemente igual, y es que cuesta pensar en las alternativas.

En general, es que pensar cuesta mucho trabajo.

Por eso tampoco se acaba con la violencia de género, por eso no cuestionamos un modelo que permite el crecimiento de las desigualdades, los desahucios, la desnutrición, el analfabetismo funcional y vital.

Nos cuesta tanto pensar, que no somos conscientes de la vinculación entre nuestro modo de vida y nuestro consumismo y la esclavitud de cientos de miles de personas, la mayoría mujeres y niños, en el llamado tercer mundo. No somos conscientes de, hasta que punto, nos mancha de sangre a todos nosotros.

Quiero volver al principio, al año en que cumplí sesenta años. Un año que me ha permitido la enorme alegría de recuperar a viejos amigos a los que hacía tiempo que no veía, porque ni ellos ni yo hemos tenido que huir del país; un año en el que otros viejos amigos siguen dándome tanto cariño que a veces me parece que se pasan.

Un año en el que he podido viajar, porque no me han cerrado los caminos ni me han puesto alambradas;

He podido hacer dos cursos de verano en la Universidad en los que aprendí muchísimo y disfruté más aún, porque dispongo de un poco de tiempo libre para alimentar mi mente.

Un año que me ha permitido seguir mi idilio con el mar y probarlo en muchos lugares, porque aún hay mares donde el mayor problema son las plagas de medusas. Y también recoger caracolas que, como una recolectora neolítica, guardo en casa para intercambiar con los tesoros de otros amigos.

Un año en el que he podido leer 49 libros que he elegido libremente; en el que he ido al teatro, me he escondido en la oscuridad del cine para ver una docena de películas, porque, soy tan privilegiada que puedo hacerlo, porque en este país no se limita, de momento, la libertad de expresión.

En fin, este año me siento privilegiada por cumplir una edad que no pueden soñar millones de personas en el mundo, porque, en casi toda África, la población tiene apenas 15 años más de esperanza de vida que en la Edad del Bronce, y porque creo que la mayor parte de mis achaques y tristezas no se deben a que yo envejezca prematuramente, sino a que lo hago en un planeta que sí que envejece a marchas forzadas, de tanto expolio y dolor que está sufriendo.

Habrá algo que hacer por él antes de que sus canas nos indiquen lo tarde que estamos llegando.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s