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gaznew05Cuando yo era pequeña vivía en el campo, sobre una colina desde la que se veía, al fondo, los barrios más cercanos de Jerez. En aquélla zona, del barrio de Las Viñas, había un cine de verano y desde la enorme lontananza, sólo la imaginación infantil nos hacían ver, en esa minúscula pantalla, las voces, las carreras, los abrazos, los coches, la gente discutiendo, la música y los bailes de los protagonistas. Los pequeños nos poníamos de acuerdo por la tarde para alejarnos de la casa y sentarnos sobre la tierra a ver el espectáculo hasta que oíamos una voz que nos llamaba reiteradamente para dormir. Y nos íbamos discutiendo sobre lo que habíamos visto: un avión, un coche, una mujer, un hombre, un beso, un abrazo, una discusión… cualquier cosa.

Ahora encuentro en internet unas fotos de gente que se va a una colina a ver un espectáculo. En ellas se ve a gente de apariencia normal, señalando al horizonte. Otros sentados sobre el suelo, riendo. Algunos se han llevado sillas. Hay niños que combinan su tiempo con los juegos en la playstation y la realidad al otro lado de la frontera.

Me pregunto si piensan alguna vez que lo que ven ante sus ojos es la muerte en directo. La destrucción de familias, de viviendas, la sangre derramada de nuevo, el terror de los niños. Y lo peor de todo: la pérdida de la esperanza. Me pregunto si, al igual que nosotros creíamos oír las voces de la pantalla, ellos creen oír los gritos de las mujeres aterrorizadas; si se vanaglorian de escuchar el derrumbe de edificios enteros. Si les gusta el olor a pólvora o a muerte que se acerca, de vez en cuando, con la brisa hasta la colina. No sé qué tipo de gente perversa puede dedicarse a eso. Pero tampoco sé de qué tipo de estado, de qué tipo de sistema educativo, de qué tipo de valores salen estos espectadores que van a pasar a esas colinas las noches de julio, no tanto huyendo del calor sino atraídos por la venganza y la muerte.

Lo peor de todo es comprobar que, en este mundo sin alma en el que vivimos, la perversidad y el horror es tan normal, que no nos asusta, que no lo paramos, que dejamos que se aloje en nuestras cabezas como si fueran escenas rutinarias. ¿Cómo si no es posible que los periódicos publiquen esas imágenes, que la gente ría a las cámaras, que nadie se avergüence de estar allí contemplando la masacre? ¿Alguien se ha preguntado si pagaría su propia dignidad algún precio por tan indignas, indecentes, pertubadoras imágenes? Tácito dice que Nerón culpó a los cristianos del incendio de Roma para poder acabar con ellos. Durante siglos se han alimentado historias de judíos asesinos de niños, traidores que venden ciudades, usureros, etc. trasladando la ocupación de las mentes de los pueblos de problemas reales a irreales, ocultando las verdades sobre las guerras, la pobreza o el hambre. Gaza es hoy la eterna culpada de los males eternos de Israel. Nadie piensa en nada.

Hoy no es ningún secreto que Israel hace esto para cargarse cualquier posible entendimiento interno entre facciones palestinas, castigando a Gaza y aterrorizando a Cisjordania. Ya lo ha hecho otras veces para ganar elecciones, porque en un país como Israel, la muerte, la violencia, la sangre son puntos positivos que ayudan a convencer a los electores.

Nunca un conflicto tan presente en los medios de comunicación ha sido tan olvidado por la diplomacia, tan negado por los estados. Nunca, ha habido ninguna guerra tan tolerada. Porque cuando un gobierno, atendiendo a Israel cambia su legislación interna, aumenta la impunidad. Cuando Naciones Unidas hace oídos sordos al informe Goldstein, aumenta la impunidad. Cuando se mantienen acuerdos comerciales con Israel aumenta su impunidad; cuando se permite que durante diez años ya, el Muro de separación condenado por la Corte Internacional de Justicia siga adelante consolidando el robo de tierras, se aumenta la impunidad y la sensación de ser un estado que vive por encima de las leyes internacionales. Para contrarrestar, y como si fueran ONGs, se justifican con una ayuda humanitaria que los palestinos, a pesar de necesitarla, la repudian moralmente, porque ellos quieren ser un estado, cultivar sus propias tierras, hacer crecer su propio trigo recoger sus propias aceitunas, hacer su propio aceite y tener ciudades libres que comercien libremente sin un gendarme asesino que destruye cualquier posibilidad de desarrollo normal.

Hace al menos dos años que no voy a Gaza. Y más que no voy a Cisjordania. Pero cada una de mis visitas han servido para comprobar que la colonización avanza a pasos forzados y con ella la dependencia absoluta de la población de la ayuda internacional y de la economía de Israel. Donde había tierras palestinas, cultivos palestinos, olivos palestinos, ahora hay solo ocupantes israelíes sionistas que quieren creer que Dios le prometió esas tierras y que son suyas por derecho divino.

Si esos que miran los bombardeos, que se ríen mirando a las cámaras, que son insensibles al terrible espectáculo de la guerra, quieren creer que es dios quien les envía para hacer eso, es que la Revolución Francesa, la ilustración, el humanismo, han perdido toda posible influencia civilizadora sobre esa parte del mundo.

Un mundo en el que, por lo demás, no hay almas, y, por ello, no es posible que haya dios.israelis-watch-attacks

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