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imageLos comentarios y el relato de su ducha, ante su amante esposa, que hizo el alcalde de Málaga hace unos días, son ofensivos para la inteligencia y para nuestra dignidad como ciudadanos. Ahora tan ofuscado por el control del consumo del agua quien nunca antes había hecho caso a un decreto de sequía, ni, en consecuencia, se había dirigido a los ciudadanos para pedirnos un ahorro tan bestial de agua. Su parodia radiofónica viene a cuento de la injusta y desmedida subida del recibo del agua. Pero más que a risa deberíamos tomarnos su intervención como una ofensa a la dignidad personal de cada uno de nosotros y a nuestras necesidades básicas. Me consta que el alcalde solo se ducha para perfumarse de nuevo, para salir como un atleta tras una ducha tipo “castrense”. No es lo mismo la ducha de un alcalde que viste ropa cara, no se ensucia ni las manos, no suda, viaja en coche oficial y tiene una casa con todas las comodidades, que la ducha de cualquier trabajador de esta ciudad o de otra. Pues cómo, con esos 11 litros que proclama como suficientes para la ducha,  se limpiarían la grasa de las uñas los mecánicos y conductores, los fontaneros o barrenderos antes de abrazar a sus hijos; como se deberían duchar los carpinteros que llevan la cola pegada a la piel, los pintores que se mancharon de pintura haciendo su trabajo, los zapateros remendones. Cómo lo harían los queseros, que tienen que soportar el pastoso olor de la leche quebrada, los pescadores y pescaderos, los pastores que andan con el ganado, todo el día en el monte. ¿Cómo pues lo habrían de hacer los campesinos que se pasan el día arreglando surcos, sembrando o cosechando bajo el frío o al sol inclemente de esta tierra? . ¿Cómo los médicos y el personal sanitario pueden quitarse las miasmas de las enfermedades, las muertes ocasionales, el olor a tinturas, medicamentos y ungüentos que se llevan a su casa pegados en la piel? ¿Es esa “ducha castrense el recurso que nos da el alcalde?

El alcalde viaja en coche oficial, con coche limpio cada día y del cual él no se tiene que preocupar, pero ¿viajan igual los camioneros, los conductores de autobús, los ciclistas y motoristas, los ciudadanos que usan el transporte público, a veces atestado e impuntual? ¿Necesita acaso el alcalde limpiarse de la pesadumbre de un trabajo penoso y duro, consolar el cuerpo del peso trasladado, de la fuerza hecha, de los equilibrios en los andamios, de las posturas forzadas? ¿Necesita acaso consolar el cuerpo con una ducha reparadora del frío o del calor de la calle o de una casa modesta, consolarlo de los gritos recibidos, de las órdenes acatadas, del miedo sufrido?

La ducha es también un lugar para llorar las desdichas cotidianas, la arbitrariedad de la vida y también es el legendario lugar donde se puede cantar como en ningún otro al sentir al agua correr por la piel desnuda de forma tan amable.

La ducha es un lugar de reconciliación con nuestra propia dignidad al encontrarnos a flor de piel con la posibilidad de borrar muchas huellas y recuperar otras; que el alcalde quiera convertirla en un acto militar sujeto a disciplina castrense y ruda, a golpe de cronómetro, es una forma más de dictadura. La parodia de una ducha cronometrada ademas de ofender a nuestra inteligencia, muestra a un hombre viejo que hace mucho tiempo que no se ve en la tesitura de limpiar culos de bebés, las rodillas de los primeros esfuerzos ante los balones de fútbol o de los trepadores de árboles, pero también nos habla de un hombre que hace mucho que no se embelesa ante la melena larga y cuidada de una mujer mientras ella se la enjabona bajo la ducha, ni recuerda, si es que alguna vez las disfrutó, el gozo de las duchas compartidas.

el alcalde es un viejo al que le cuesta recordar que la poesia está sobre todo en las pequeñas cosas cotidianas, en la dignidad de los ritos y en la cotidiana necesidad de reparación ante un medio cada día más hostil. Olvida todas estas cosas por varias razones, la primera, porque es viejo. La segunda porque es y se siente poderoso y no necesita verse cada día ante el espejo de la miseria y la desposesión, y la tercera es que quiere olvidar que su política no responde a la necesidad de austeridad con un bien finito, como es el agua, y que hay que cuidar, sino a hacer olvidar el tarifazo que nos ha dado y a recordarnos, como hace el gobierno del PP desde que llego, que todo es culpa nuestra. Es inadmisible que el incremento en los precios de los bienes básicos como son el agua, la luz, la comida, el transporte o las comunicaciones se haga, además, con la intención de ofender y acusarnos de despilfarro, como si fuera inconcebible en un mundo en crisis que nos guste gozar bajo el agua de la ducha.

Yo no sé si fue idea del propio alcalde o tuvo asesores que le dieron la idea, pero el relato de su ducha, de los medidores de agua, de las bacinillas y botellas de plástico, de los cronómetros y de su mujer haciendo el seguimiento y midiendo la cantidad de agua gastada me hacen pensar no solo en un hombre viejo, sino enfermo, débil mentalmente, cruelmente banal en sus análisis y estúpido en sus justificaciones.

Cualquier día nos cobrarán los baños en la playa, nos dirán que es suficiente estar bajo el sol dos horas un día a la semana y seguirá siendo nuestra la culpa, por abusar tanto del mar, de las moragas, de los atardeceres y de los dulces aires mediterráneos.

http://www.cadenaser.com/espana/audios/oposicion-le-pide-alcalde-deje-actuar-club-comedia/csrcsrpor/20140120csrcsrnac_35/Aes/

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