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DSC03962Hay un poema de Gioconda Belli que me encanta. Habla de lo ineluctable de nuestro lugar de nacimiento y de cómo debemos comprometernos con él, en los tiempos y bajo las circunstancias que nos tocan, para  mejorarlo. Dice Gioconda Belli, en una cadencia poética que “Nosotros no escogemos el país donde nacemos ni el tiempo en el que venimos al mundo, pero debemos dejar una huella de nuestro paso por él abriendo camino a los que vengan detrás”.

Hoy vivimos una involución que, desde el punto de vista de los derechos es muy semejante a nuestra Guerra Civil, la guerra que nos hicieron los de siempre. Esto es también una guerra sin cuartel ni trincheras y nosotros, al día de hoy,  caminamos por el mundo sin casco, aún pensando en los huecos que nos dejan nuestras cotidianas esperanzas y mirando para otro lado o lamíendonos nuestras heridas, sin reaccionar lo suficiente como para que el poder se preocupe y pierda, al menos, un poco de tanta farsa y compostura. El otro día, en la manifestación contra la nueva ley de educación y contra todos los recortes hubo una hermosa avalancha de jóvenes que se retrasaron a conciencia del resto de la manifestación y que luego se lanzaron tomando la calle con gritos y risas como en una ola de energía y vitalidad, algo imposible de parar, algo que deja paso al futuro. Era como en el poema de Vicente Aleixandre “En La Plaza” como “un gran corazón que palpita extendido” . Me emociona la imagen que tomé en ese momento, en el que la avalancha de prisas y risas se acercaba con un grito de esperanza hacia nosotros.

No podemos dejarles en la estacada.

En Málaga estamos  pensando en una “Red Roja de alojamientos”  se trata de que los que tengamos un lugar extra en nuestras casas  podamos asegurar, a aquéllos alumnos que se tengan que desplazar hasta la ciudad desde cualquier pueblo, un lugar donde quedarse gratuito durante sus años universitarios. Es una Red porque no se trata de soluciones individuales sino colectivas: ayudar a esta generación a no caer en la  miseria a la que los quieren condenar. Y es Roja, porque no se trata de caridad, sino de organización y de justicia social. Se trata de enfrentarnos al sistema cada día con retos nuevos y nuevas respuestas: no nos doblegarán.

Los jóvenes acogidos por la Red Roja, deberán tener claro que hay tres cosas que deben asumir y comprender. La más prosaica de ellas es que tendrán que ayudar en la casa un poco, pero las otras dos se refieren a que deben ser conscientes de que forman parte de la Red y que, como tales, deben ser parte de una generación que, a su vez, tienen que ayudar a organizarse a otros como ellos. Es decir, se trataría de que recojan el testigo comprendiendo que en este mundo hay dos formas de ver las cosas y que frente a la ofensiva indefinible que vemos y sentimos, hay redes que ayudan a coger impulso para lanzarse, ellos también por un mundo mejor. La tercera cosa que tienen que tener asumidos es que ellos no son parte del problema, sino de la solución. El gobierno ve a la población en edad universitaria como un excedente, un problema. Las organizaciones caritativas, ven en ellos un problema, alguien a quien dar caridad, un techo, un plato de comida, una cantidad determinada de dinero. Unas relaciones entre los que dan y los que reciben, entre los que tienen y los que necesitan. Nuestro concepto es distinto: no tratamos de dar a nadie más que lo que en justicia merece y es suyo, y a cambio ellos nos darán algo enorme: la posibilidad de ver que el testigo que muchos pensábamos que se nos quedaba al borde del camino, lo toman, lo alzan, lo llevan y luchan por ello y se sientan honrados de hacerlo.

Para nosotros ellos serán nuestra esperanza, no solo por que lleven el testigo, sino por que les ayudaremos también a ser parte de los buenos estudiantes y los buenos luchadores que pueden cambiar el país. Nos servirán, también, para salir de nuestro propio desconsuelo.

Nadie ha dicho que esto sea fácil, pero muchos convendrán conmigo en que es necesario. Es hora de organizarse en todos los ámbitos, de forma creativa y comprometida. Es hora de romper barreras, de dejar la comodidad en aras de una solidaridad de clase bien entendida. No podemos taparnos los ojos ni los oídos a lo que pasa, debemos amar el país en el que hemos nacido, amarlo con la certeza de que podemos compartir en él la tierra y sus bienes, la inteligencia y la cultura, la tradición y nuestro futuro y que aquéllos que deslocalizan el capital y el empleo en aras de la sórdida esclavitud de millones de ciudadanos en otros países con el único fin de enriquecerse ellos y su clase,  son unos traidores que deben pagar por todo el dolor que nos están ocasionando.

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Un pensamiento en “El futuro será nuestro

  1. Sabias palabras refrendadas con hechos,. Me complace ver q aún quedan personas proactivas de una calidad humana como la tuya, es un bálsamo para un corazón cansado de las injusticias sociales y la impasibilidad de aquellos q ostentan el poder.
    Un saludo,

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