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imagesHoy El País publica una entrevista con Ignacio Buqueras sobre el cambio del huso horario y los horarios de trabajo y dice el entrevistado: “Ciertamente, suena sensato pretender que los españoles tengan un horario de trabajo más razonable y puedan así distribuir su día en tres tandas: ocho horas para dormir, ocho para trabajar y ocho para lo que quieran”. 

Suena bien, en principio, pero dado que lo que nos propone parece que lo hace desde un sesgo cognitivo consciente, vamos por parte. Si bien una se puede hacer una idea de cómo se desarrollan las ocho horas de sueño y las ocho de trabajo, lo que no me queda nada claro es que las ocho restantes sean “para lo que quieran“. Evidentemente este análisis del tiempo viene de parte de un hombre cuya posición social le permite dedicar esas ocho horas a lo que quiere.

La primera merma en las cuentas de nuestro tiempo de ocio es el transporte: el 17% de los trabajadores de este país gastan más de una hora diaria en desplazamientos, y otro 17% más tardan, al menos, media hora. Un estrés si vas contrarreloj, si antes tienes que dejar a los hijos – o los nietos – en el cole o conducir salteando atascos.

Por otra parte, una encuesta del I.N.E. del 2009 dice que las mujeres dedicamos cuatro horas y media a las llamadas  “tareas del hogar”  un  eufemismo  que viene a decir cuatro horas y media cambiando pañales, fregando los platos, preparando las comidas, poniendo lavadoras y tendiendo la ropa, haciendo la compra y otras labores  “ociosas” ( como sugiere el artículo) , como la atención a las personas dependientes. Los hombres, aunque siempre salen ganando, también le dedican dos horas y media a estos quehaceres.

Digamos que, a estas alturas, a una mujer media de este país solo le quedan ya tres horas de “ocio”, dos horas más a los hombres, por término medio, sin contar que aún tendrán que comer o cenar en algún momento.

La otra parte del análisis de esa argumentación es que los recortes brutales que sufre la amplia mayoría de la población dificulta enormemente nuestras vidas. La necesidad de sobrevivir en este torbellino nos hace buscar recursos de supervivencia que antes no necesitábamos. Cada vez más, las cargas familiares caen sobre las mismas personas que tienen que suplir la ausencia de un Estado protector de sus ciudadanos en todas las edades y situaciones: ancianos, enfermos crónicos, personas dependientes por cualquier motivo caen en las espaldas de los propios trabajadores que, según el artículo, y  seguramente parte de los aparatos de poder querrán convencernos de ello, disponen de ocho horas de “ocio” para hacerlo.

Se me olvidaba que el cebo para picar en el artículo es una argumentación desde la falacia, dado que, aunque  la conclusión es cierta: “si mandaran más mujeres, habría mejores horarios” , el desarrollo de su propuesta nada tiene que ver con esta conclusión. Me atrevería a decir que como mujer me ofende que alguien con semejantes ideas del reparto del tiempo nos utilice como cebo para predisponer nuestro ánimo a favor de argumentos nada beneficiosos para nosotras.

Habría que recordar, por último que el “decreto de la jornada laboral de ocho horas” es del 3 de abril de 1919, es decir, de hace casi un siglo, en circunstancias sociales y tecnológicas completamente distintas. De forma que lo que este hombre nos propone ya fue aprobado por el Conde de Romanones, que, por cierto, les pasa por la izquierda a los editorialistas de El País.

Un país perdido en una crisis, con una buena parte de su juventud produciendo en el extranjero, con personas cada vez más ancianas tirando del carro de la economía y con larguísimas colas del paro, merece reflexiones y propuestas de trabajo más serias y contundentes que no sean en la continuidad de la esclavitud a la que nos tienen sometidos a unos pocos privilegiados con empleo, y la desesperanza de una gran mayoría de trabajadores en paro y sin opciones para obtenerlo.

En fin, que un siglo después, venir con estas y que lo publique El País es de risa, porque en este país, lo que hace falta ya es que rompamos la baraja, ante tanto tahur que se saca cartas de la manga.

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