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ImagenDice Eduardo Galeano que las guerras no dicen nunca la verdad, que nos hablan de paz, de democracia, de justicia mientras que lo que pretenden es robar, hacerse con bienes o territorios y, en definitiva, consumar algún gran negocio. Mientras nos preparamos para desempolvar las grandes pancartas contra la guerra, las pegatinas, las chapitas de colores, el mundo, este mundo que nos engaña, ha seguido durante todo este tiempo haciendo la guerra: vendiendo armas legal e ilegalmente a doquier; fomentando conflictos, saboteando las aspiraciones de los pueblos a vivir con dignidad y con esperanza.

Mientras hoy subimos a nuestros propios desvanes a buscar la vieja pancarta contra la guerra, veremos, si nos asomamos bien al mundo, que en el camino se nos han adelantado todos los poderosos: los que quieren el petróleo, los que quieren los minerales, los que quieren controlar las tierras y las rutas de mar; los que venden armas; los servicios secretos privados y públicos, las consultoras de seguridad; las dictaduras árabes; los corruptos gobiernos occidentales. Todos ellos nos adelantaron en el camino enarbolando las banderas de la democracia y la libertad y nos llevarán mucha ventaja cuando comencemos a andar. Nuestro grito, así, no será escuchado por los que ya emprendieron el camino, vendieron las armas, hicieron sus planes, dibujaron nuevos mapas, repartieron un nuevo trozo de mundo. Y si nos escuchan, nos agitarán con la mano como si fuéramos una mosca molesta, nada más.

No creo que a Obama le quite el sueño nuestra concentración ni miles de concentración que haya, porque ya llegan demasiado tarde. Ya hay muchos planes hechos, pero también hay muchos muertos en Siria que no agradecerán que nos movamos ahora. ¿Y los vivos? ¿Nos agradecerán que hayamos estado callados tanto tiempo? ¿A alguien se le escapa que todas las potencias regionales e internacionales han estado jugando a este juego desde hace tres años y la izquierda mundial ha estado dividida, si no callada, ante este genocidio? En mi facebook alguien opinó que “nunca es tarde si la dicha es buena”, esa frase ominosa que parece que viene a justificar todas nuestras demoras, faltas de respuestas, silencios, torpezas, indecisiones, relajos. ¿Qué dicha hay en esta tardanza? Sí, ¿qué dicha, por dios? ¿Pararemos acaso la guerra?, ¿devolveremos la paz a Siria?, ¿resucitaremos a los muertos miles de muertos?, ¿volverán con nuestra ayuda todos esos miles de desplazados internos y refugiados que han perdido todo? ¿Qué dicha, por dios, por dios…?

Saldremos y lo peor de todo es que quizás alguien sugiera que nos tomemos una cerveza, para olvidar pronto por qué estamos allí y charlar de nuestras experiencias veraniegas. Yo quiero volver a casa, tomar algunos libros en mis manos e intentar entender qué es lo que nos pasa que no somos capaces de dar un ápice de esperanza a este mundo que se desmorona. Vergüenza nos tendría que dar salir ahora porque, además, en nuestro “No a la guerra” no hay ninguna alternativa a la muerte y destrucción de Siria. Esta tarde, la izquierda, se justifica a sí misma de nuevo. Da tristeza.

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