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los_indignados_aplican_la_dacion_en_pago_por_toda_espana-300x225De todas las frases que he visto en relación a este tema, este “se vende vida a la banca” retrata perfectamente la cruda realidad de muchos ciudadanos de este país. Mientras otros muchos ciudadanos, han dejado su vida, simplemente, al borde de un precipicio o prendida de fuego en cualquier calle de cualquier ciudad, muchos se reconocen en este cartel por haber tenido que vender parte de su vida a los bancos. La realidad no da para mucho más y es tanto más terrorífica como que se sigue profundizando en el abismo de la pobreza. Hace poco alguien muy querido me confesó, mirándome a los ojos, que no había podido seguir pagando su casa y que había conseguido la dación en pago. La suerte de no tener que continuar con la pesada carga de una hipoteca sin tener vivienda, no le nublaba la razón para reconocer que, en definitiva, este trance había sido una derrota. Recuerdo cuando compró el piso, modesto, en realidad, un tercer piso sin ascensor. Su abuela subió poco a poco para comprobar los logros de su nieto y agradecer en silencio a Dios que le fuera bien. Compartimos un rato de explicaciones y sueños: cómo serían amuebladas las habitaciones, para qué las usaría, qué pondría en la cocina… dónde amontonaría los libros o los discos y ¡qué se yo! Todas esas cosas que se planean cuando alguien decide comprar un techo donde pasar, si no el resto, una gran parte de su vida. Hace unos días, mientras caía el sol en una casa ajena nos contó, por encima, lo ocurrido, guardándose, para sí, el dramón terrible de la decisión, de las discusiones o los papeleos con los bancos, las noches sin dormir, el silencio obligado para no calentar la cabeza ni disgustar a su familia y probablemente las lágrimas que dejara en algún momento entre la aceptación del mal menor y la entrega definitiva de los papeles y las llaves de la casa. Hoy, el banco, tiene en sus manos parte de su historia y de su vida.

Yo sigo sin creer que la dación en pago para una vivienda habitual, modesta y única sea una solución buena para nadie. No lo creo, porque la Constitución que nos dimos habla del derecho a una vivienda digna para todos, y yo entiendo que más aún para aquéllos que, durante años, han ido pagando religiosamente la hipoteca y se han visto abocados, en esta profundísima y voraz crisis a dejar de pagarla porque han perdido el empleo fijo que tenían cuando decidieron afrontar el gasto de comprar una casa. Pero en este país, cualquier solución que suene a “neolítica” viene casi bien, porque no hemos pasado de las actitudes rapiñadoras del paleolítico. Pero cualquiera que se pare a pensar más de tres segundos qué está pasando, comprenderá que este mundo es cruelmente injusto para unos y enormemente beneficioso para otros. Y que seguimos impasibles.

Me gustaría gritar a todos el mundo, que no compren viviendas a los bancos hasta asegurarse que no proceden de una expropiación injusta. Es más, que no compren ninguna vivienda a los bancos hasta que de verdad asuman una responsabilidad social ante el momento que nos ha tocado vivir. Si se arruinan, no serán los primeros y seguro que sin la compañía de semejantes usureros de la vida, nos iría mucho mejor. Que nadie ponga su vida en venta a la banca. Nadie más. Por dios, que esto es un horror de país sin democracia, sin derechos, sin viviendas, sin vergüenza.

A ver si nos levantamos.

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