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puerto de málagaHasta ahora creíamos que la transición enterró el pasado más oscuro de este país y que la Constitución nos había convertido en ciudadanos. Ahora provoca hilaridad cómo durante muchos años el “modelo de transición española” causara tanta admiración y fuera ejemplo para otros países del mundo, de tan bien que nos lo vendieron, muchos lo creímos a pies juntillas.  Al cabo descubrimos que esa transición hizo poco por los ciudadanos y simplemente nos cambió de servidumbre, como algo necesario para que en pleno siglo XX nos equiparáramos al resto de Europa. Se hicieron escuelas, se abrieron centros de salud, se construyeron parques y bibliotecas, pero nada de eso se salía del guión. Tuvimos una televisión aleccionadora que hizo, a lo largo de estos años una buena labor de adormecimiento de las mentes. El poder nos preparó otras formas de ocio: conciertos, romerías, semanas santas, fiestas de los/as patronos de las ciudades. Se adueñó de fiestas tan populares como la de San Juan, subvencionando en los barrios de nuestra ciudad cualquier cosa que se hiciera, con tal de que se mantuvieran las formas (pero eso no lo sabíamos). Se compraron a los sindicatos, a las asociaciones de vecinos, a las ONGs, a través de sustanciosas subvenciones. Se nos pedía silencio, pero hubo un momento que duró muchos años, que no fuimos conscientes de ello. A la izquierda le costaba sobrevivir, porque la gente no era consciente de que había cambiado su servidumbre anterior por la servidumbre del consumismo, de las rebajas, del ocio programado, de las romerías y fiestas desangeladas de tanto protocolo…. Había poco que hacer porque nos conformábamos con un pequeño jardín, del tamaño de un corral de gallinas, con cuatro trastos donde los niños podían estirar las piernas. Es verdad que eso y los pequeños jardines o los carriles bici, animaron los barrios, pero nada de eso estaba fuera del guión, nada era excepcional ¿qué hubiera dicho Europa si estas pequeñas mejoras en nuestras vidas no se hubieran realizado? ¿Alguien se cree que fueron generosas operaciones para mejorar las vidas de nuestras ciudades? Yo no lo creo. Lo mismo que no me creo que el acceso de la mujer a ciertos ámbitos del poder sea por convicción y no sea porque daría vergüenza que fuera de otra forma.

A la sombra de todo ello, al otro lado del barrio, mientras mirábamos a nuestros niños acceder a la escuela pública o a las universidades, a nuestros ancianos tener un centro donde recogerse unas horas al día y compartir las zozobras cotidianas, o a los enfermos ser asistidos en Centros Públicos de Salud, se llevaban a cabo grandes operaciones especulativas de todo tipo: inmobiliarias, económicas, comerciales de las que conocíamos lo justo para que se convirtiera en un comentario de café sobre las fortunas robadas, el dinero extraditado, los fraudes de rigor. Los medios de comunicación apenas ayudaron a hacer transparente esta otra inmensa y mafiosa realidad y nos hicimos tolerantes con las chapuzas y los ladrones.

Al cabo, nuestro silencio modoso, se había convertido en un hábito y más allá, en miedo: hemos caído en la trampa del poder. Ellos han ganado la partida, o, al menos, la están ganando hasta ahora: los grandes poderes económicos Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, grandes corporaciones han convertido en lacayos a los dos grandes partidos políticos de este país que, por otra parte, participan en unas míseras migajas del pastel de este expolio nacional. Míseras en comparación con el resto, pero no tanto en lo que supone una vida más que holgada para ellos y sus hijos y las facilidades de empleo para ellos en lugares prominentes de estas grandes multinacionales, como Endesa, Gas Natural, eléctricas varias…. Al fondo de esta nueva escala social estamos el resto, siervos sin más, a los que se nos conceden unas horas de asueto, un piso de pocos metros, un trabajo escasamente remunerado, una sanidad empobrecida, una escuela pública masificada y dotada de pocos recursos. La frase más recurrente es que “nos demos con un canto en los dientes” porque tenemos un trabajo. Pero ¿es eso así? ¿Debemos permanecer en silencio?

Estos días nos dan un ejemplo los trabajadores del Puerto de Málaga encerrados allí pidiendo una comisión de investigación y de transparencia que aclare todos los desmadres económicos que se han llevado a cabo allí, que se aclare el despilfarro, el amiguismo, las concesiones arbitrarias y todo tipo de corrupciones llevadas a cabo bajo la batuta del PSOE. El ejemplo es la negación del diálogo que se les quiere imponer: os daremos empleo, pero con nuestras condiciones; podemos hablar con los trabajadores individualmente, pero no con los sindicatos; podemos resolver el problema de los nuevos contratos, pero no vamos a tirar de la manta, no sea que nos salpique a más de uno.

Hoy ser ciudadanos no es votar. Imaginemos como dice el filósofo Santiago Alba Rico en su libro ‘El Naufragio del Hombre’ “podemos imaginar perfectamente un régimen social en el que los esclavos escogieran mediante votación a sus amos y las mujeres a sus violadores domésticos, sin que sus acciones fuesen jamás políticas ni adquiriesen jamás la dignidad humana” Hoy ser ciudadano es protestar, es revelarse contra el poder y sus excesos, es levantarse cada día con el ánimo de cuestionar las leyes injustas y de convencer a los que nos rodean que el pensamiento y la reflexión es lo nos hará libres y nos ayudará a optar por las acciones correctas.

Hoy, los trabajadores del Puerto de Málaga, encerrados desde hace más de 20 días,  se levantan en nombre de la transparencia, de la dignidad no solo propia, sino de todos nosotros, y de la defensa de la Ciudadanía con mayúscula. Y lo hacen diciendo la verdad al poder sobre la corrupción y sobre las cargas que quieren dejar, de nuevo, en las espaldas de los trabajadores, y ese gesto es lo que, de verdad, los convierte en ciudadanos por encima de una mayoría que, por no querer asumir la responsabilidad que nos toca en estos momentos, decidimos callar, y seguir pensando que nos debemos dar con un canto en los dientes y ser súbditos de este poder deleznable que nos excluye, cada vez más de cualquier ámbito de decisión.

Creo que es deber de toda persona de bien pasarse a escuchar a estos trabajadores que están haciendo mucho por el patrimonio público de esta ciudad, un gran espacio que puede ser un motor para la economía de la ciudad o una gran fosa donde se hunda el futuro de la misma. Ánimo, fuerza y solidaridad a todos aquéllos que han cogido de una esquina de la manta y están dispuestos a tirar de ella. Ánimo, fuerza y solidaridad con los compañeros y compañeras encerrados en el Puerto. Ninguna lucha es vana, porque, aún en el caso de que no se consiga, es un ejemplo para todos.

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