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200px-George_Orwell_press_photoDÍA 1

Había salido de mi librería favorita y fui, como hacía cuando podía, a tomar algo fresco al bar de la esquina. Como casi siempre, solo había varias mesas ocupadas, y, como la gente musitaba, apenas había ruido. Ese lugar inspiraba confidencias y quizás por eso, a veces no se escuchaba nada pero otras se escuchaba demasiado. Yo estaba junto a la ventana, aspirando el olor de los libros nuevos y sintiendo esa especie de felicidad que se te concede cuando algo íntimo está por pasar, aunque sea entre tu y un libro con todos sus misterios y emociones.

Olía bien el libro y lo abrí varias veces abanicándome con el juego de sus hojas al deslizarse de los dedos. Lo abrí por la dedicatoria y me impresionó: apenas una línea y cuenta ya una historia. Pero no pude sucumbir completamente al libro porque mientras intentaba leer las primeras páginas observé, con el rabillo del ojo, que alguien con mala cara se acercaba a la mesa donde un hombre, de espaldas a mi, ya esperaba con cierta impaciencia. La impaciencia ya la había advertido en sus dedos tamborileando sobre la mesa. “llegas tarde” dijo el hombre sentado.  “Perdona” dijo el hombre pálido, que se sentó y pidió un whisky al momento. “No sé si deberías, es demasiado temprano ¿no? además traes muy mala cara”. “Me has traído eso?” Sí, aquí tienes la pastilla, es algo nuevo, te sacará de la mitad de problemas que tienes ahora. Pero oye, cuídate la salud, si no, no vas a salir adelante”.

“No te preocupes, ¿seguro que funcionará?”.

“Por ahora, a los otros clientes les ha ido muy bien”.

Yo miré a los hombres, sí que parecía que aquel individuo estaba enfermo. Mientras uno estaba más bien orondo, este pobre se calaba un whisky y casi se transparentaba los sorbos por la garganta.

“Oye, ¿y habrá más?”.

“Sí, pero mira, yo te aconsejo que andes con prudencia, estas pastillas tienen sus riesgos… Bueno, aquí te la dejo, ya me dirás cómo te va, cuídate y ya hablamos”

Cuando el hombre orondo se levantó, vi la inscripción de su cartera “médica” ponía exactamente: “concejal de urbanismo”

NEOLENGUA: Una pastilla, hoy es un trozo de ciudad, una parcela, terreno que puede ser agrícola o urbano, libre o protegido, parque o ribera del mar. Sirve para especular con él, para quitar el suelo a la gente, para modificar las ciudades en beneficio de especuladores varios. Se negocian en los bares y no se llama por su nombre (suelo, tierra, campo, parque, bosque, calle, solar) porque no conviene que nadie sepa de qué se está hablando. El objetivo de la neolengua no es más que cambiar los nombres a las cosas con dos objetivos: sustraerles de su valor comunitario o personal y evitar que los que se sientan cerca puedan enterarse de lo que hablan estos mangantes especuladores.

DÍA 2

En la misma cafetería o bar, con otro libro. Ojeo los wasap del móvil mientras me traen un zumo de naranjas de la tierra. Frescas, frescas, estas naranjas sin filtrar, con la dosis justa de pulpa es un placer de dioses. Si puedo me pido dos vasos.

Hay una pareja sentada, tontean, coquetean, susurran tonterías, pero cuando han acabado la copa que estaban tomando ambos, de edades medianas, se miran y él comenta que deberían abordar el tema que les ha llevado a este encuentro. Ella ronronea como una gata y le dice: “me debes una”

“Sí?, ¿Y eso? ¿a qué te refieres?”

¿Ya no te acuerdas del año pasado?

El se encoge un poco, o se estira, hace unos gestos un poco estrafalarios… “noooooo… ya hace mucho tiempo de eso. ¿Aún me la tienes guardada?

“A mi no se me olvida…MIra es que me lo debes, me estoy quedando sin efectivos, ya sabes, me debes una”. Dijo la mujer sacudiendo un zapato con taconazo que le colgaba del pie.

“Pero Laura, ¿cómo me vienes ahora con esas, ya sabes que es imposible, por mucho que lo quiera yo no tengo ninguna posibilidad de ayudarte?”

“Jose, yo no sé tu, pero ese chico guapetón que tienes en el departamento de economía, allí no hace nada – es de letras – y sin embargo a mi me quedaría muy bien en mi gabinete personal”.

Cuando se levantan, con o sin acuerdos, se dan besos mucho más sugerentes que tiernos. Paga él, claro… ella se enfunda los zapatos y ambos cogen sus maletines. En cada uno de ellos llevan una inscripción similar: DELEGADO TERRITORIAL DE….

NEOLENGUA:  las personas ya no somos personas. No somos empleados ni trabajadores: nos han convertido en efectivos, en la calderilla que se lleva en el bolsillo y que se utiliza para el gusto y conveniencia de los delegados/as de turno. Nadie en Andalucía que sea funcionario puede salir de su delegación (salvo en los concursos que se convocan cada ¿cuatro, seis años?) sin permiso de la autoridad del ramo, o lo que es lo mismo, la arbitrariedad del régimen. Este término de la Neolengua es muy útil sirve para cosificar a las personas, para quitarles la racionalidad, para convertirlas en objetos o en una extensión de las máquinas. El resultado es que no contamos para nada, se nos ningunea con intención de alienarnos completamente. O sin intención pues ¡hay tanto desprecio desde el poder después de treinta años!

DÍA 3

Dos ancianos se arrullan modosamente en la mesa de la ventana. esta vez ellos me han quitado el sitio, pero no me importa, porque la luz que entra al través ilumina el pelo blanco de ella y lo convierte en un gigante copo de algodón recién abierto en su mata. Ambos visten austeramente de oscuro, seguramente por la costumbre. Tienen unos papeles en las manos pero no sé lo que son. Les contemplo en su felicidad, en una cierta tranquilidad, en un deseo de gozar ese instante que la vida les ha dado. Hablaban de los hijos, de lo que les dejaban, de su vida de sacrificios a la que al fin, le veían un fruto. Podemos llamarles Manuel y Gloria, porque él es un hombre común pero extraordinario y a ella da gloria verla. Escuché que hablaban de la venta de unas tierras, de años de cultivos ingratos, de sacrificios, de la ausencia de vacaciones, de caldos y pucheros, de los productos propios de la huerta, de la lata donde comenzaron a meter los primeros ahorros, de la construcción de las habitaciones para alojar a los niños que dios les mandaba; en fin, de ser seres anónimos, pero a los que yo vi como héroes. Qué vida tan dura y al final, ¡qué enorme felicidad compartida!

Un hombre con traje azul oscuro y una corbata un tanto vulgar para mi gusto, se acercó a la mesa. Ellos lo saludaron efusivamente. Manuel y Gloria lo conocían desde hacía años. El hombre se sentó y sacó rápidamente papel y bolígrafo indicándoles donde tenían que firmar en aquellos formularios liosos. El hombre ya lo había hecho todo por ellos y les tranquilizaba. A partir de ese día podrían dormir con toda la tranquilidad del mundo: eran clientes preferentes. “Porque la Banca reconoce el esfuerzo de los pequeños ahorradores y les hace preferentes“. Gloria preguntó que qué era eso de “preferentes” y el hombre les dijo que es como ir en el tren: “Pero ¿a que a Madrid cuando van ustedes a ver a los chicos se comprar los billetes más baratos?”

“¡Claro!” le dijo Gloria con rotundidad “¿Dónde vamos a parar si no? ¡cómo está la vida!”

Pues miren, les aclaró el hombre del traje azul, a partir de ahora ustedes es como si fueran por el pueblo con billete preferente. Eso es. Y así les trataremos en nuestra sucursal o en cualquiera a la que vayan.

Gloria y Manuel se marcharon mientras que el hombre del traje azul y de la corbata no solo vulgar, sino horrible e improcedente, se quedó haciendo llamadas al móvil. Todo estaba “OK”

Dos meses, tres meses, un año después las Glorias y los Manueles de este país se enteraron de la estafa, incomprensible, claro, porque hasta entonces la preferencia era un valor. Ahora era un robo a mano armada.

NEOLENGUA: PREFERENTES: acciones o bienes que no generan valor alguno, se haya pagado lo que se haya pagado, de los que no responde nadie, sean del banco que sean, y de las cuales no existen responsables ni nadie que les de cuentas. Las víctimas de las preferentes son como las víctimas de la gripe española en su momento, pero aunque lo parezca “Preferentes” no es una enfermedad, sino un despojo.

Orwell ya nos avisó, entre otras cosas, de la construcción de la “neolengua”.  Entre nosotros es real y se lanzan  desde el poder aportaciones creativas constantes. Tienen una legión de voluntariosos neo-escritores que redefinen el lenguaje para que las cosas dejen de tener el valor que han tenido siempre, para limitar el valor de las personas como tales o para engañarnos vilmente.

Pero la neolengua también trata de despistarnos al utilizar con valores y sentidos contrarios un término cuya acepción es aceptada universalmente. Me acuerdo ahora del premio literario Jerusalén que recibió Antonio Muñoz Molina, que es un premio a la tolerancia, dicho sea de paso, en el país del apartheid.

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