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931277_374277082680815_1367228357_nCuando el opresor se siente inseguro debe marcar líneas rojas constantemente. Líneas que se levanten como paredes de búnqueres que les proteja de su propia conciencia. Cuando la búsqueda de la protección se vuelve paranoica es seguro que la causa de la que quiere protegerse está en sí mismo, su inseguridad le mana del fuego de su propia conciencia. Recuerdo una vez que salía de Gaza y me abordaron y retuvieron en la frontera durante casi seis horas porque llevaba café molido, con un dulcísimo olor a cardamomo en la maleta y, me decían, “usted no está autorizada a sacar café de Gaza”. Yo les pedí la orden en la que dijera que estaba prohibido y les expliqué que había entrado por esa misma frontera y nadie me explicó las condiciones de mi regreso y que, por tanto, no les daría el café mientras no me mostraran la orden militar que decía eso. Después de seis horas de batalla campal con mi café uno de los mandos militares me advirtió: “nunca jamás pidas algo por escrito en Israel” Por supuesto que me llevé el café. El miedo paranoico del ocupante que siente su debilidad ante la fuerza moral de los ocupados le hace pensar que el aroma del cardamomo, en realidad, oculta metralla o pólvora, de la misma forma que, en las cárceles, se prohiben libros, periódicos y cosas banales porque creen que serán capaces de sacar un rendimiento, no ya moral o espiritual,  sino militar, subversivo o agitador. Hace unas semanas envié un libro a Ameer Makhoul. No sé si lo recibirá, porque, del “Laberinto Español” de Gerald Brenan se pueden sacar reflexiones verdaderamente peligrosas para la seguridad de los ocupantes, dado que todas sus páginas están escritas y contienen historias y estrategias que ocurrieron de verdad en este país.

Esto lo digo porque a los presos palestinos les han prohibido desde el inicio de este año recibir cebollas como parte de la dieta, y eso que en ninguna de sus capas aparece escrita ni una letra, ni una consigna. He tardado en averiguar que quizás se deba a la composición misma de la cebolla, lo que resulta, a la postre, un peligro tan alarmante que una concentración de cebollas, en un momento dado, pueda dar lugar a un verdadero arsenal que ponga en peligro al estado de Israel, la quinta potencia militar del mundo. ¿O es que los que denuncian la falta de cebollas en la alimentación de los presos políticos palestinos lo hacen fundamentándose en su riqueza vitamínica simplemente? ¿olvidan, acaso, que la cebolla es una fuente de cobalto, de cromo, de cobre, de fósforo o de azufre? A ver, seamos serios: con un saco de cebollas se pueden hacer bombas de cobalto, interruptores de seguridad de cromo; bombas de fósforo blanco, o gas mostaza con el azufre contenido en ellas. Tienen además silicio, cloro, hierro…. todo un arsenal en manos de gente resentida con la “única” democracia de Oriente Medio.

Menos explicación encuentro al hecho de que arranquen los sellos de las cartas y postales. Pero yo que me peleaba en las oficinas de correos para que me dieran los sellos, aunque fueran fraccionados, para que no llevaran la cara del borbón, ya no pienso preocuparme nunca más de ello. Que se queden los soldados con el Borbón. Ya le haré llegar una nota a Ameer para que no se preocupe nunca más por los sellos: si en el fondo nos hacen un favor!!

No podemos encontrar razones en lo que no lo tiene, porque la mayor, la ocupación de los Territorios Palestinos en nombre de dios, es una razón tan descarádamente burda que ya lo demás no importa. De verdad ¿cómo vamos a buscarle una razón a la retirada de las cebollas o de los sellos de las cartas de los presos si los mismos que cometen estos hurtos cotidianos son capaces de dejar parir a una mujer en un check point, de desnudar a un padre delante de su hijo, de desalojar viviendas y tierras, de arrancar olivos y almendros, de vivir pensando que son elegidos por dios?

La única explicación es que tienen miedo. Tanto, tanto miedo que un día intentarán huir de sí mismos y se encontrarán perseguidos por una conciencia que, el día que les despierte, les llevará al suicidio colectivo.

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Un pensamiento en “Peligros indefinidos

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