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4531860_454705001274798_1367059235_n-1Dios no existe. Pero si existiera no sería racista, no elegiría a unos humanos sobre otros y mucho menos elegiría a una panda de simios sin intelecto alguno. Sería imposible que Dios les pidiera a ellos que cumplieran con su ley, las de las Tablas famosas, y que fueran estos simios los que le honraran.

Sin embargo son simios los que pueblan Cisjordania y lo hacen en nombre de Dios, quien parece que hace milenios les prometió que habitarían esta tierra costara lo que costara. Son simios los que arrancan impunemente los olivos centenarios, los almendros o los limoneros. Arrancan, sin más las casas, expulsan a la gente que vive legítimamente allí; bombardean sus casas, atacan a las mujeres, matan niños, los encierran entre muros, destruyen su economía, contaminan  sus aguas y sus tierras y les encierran en las cárceles (si no los han matado antes) porque, a sus ojos, que deben ser los mismitos ojos de dios, no son buenas víctimas.

Un paseo por Cisjordania es un paseo entre simios. Unos van con uniformes, otros no. Casi todos incluyen en su indumentaria algún elemento religioso que legitime la violencia que ejercen contra los palestinos. Es así cómo se construyen las leyendas de pueblos elegidos: los norteamericanos creen que lo son y lo llevan en sus dólares; también los blancos sudafricanos del apartheid, los boers, los israelíes. Cuando faltan razones históricas, geográficas o morales, aparece dios. Dios declara la guerra a los pobres del mundo. También a las mujeres que abortan, a los homosexuales, a los negros y a los palestinos. En Palestina, ya lo he dicho, dios ha elegido a un pueblo de simios y no sé cómo, en pleno siglo XXI aún hay parte de la humanidad que cree en esos derechos bíblicos. Se ve que ni la Ilustración ni la Revolución francesa sirvieron para cambiar las raíces de nuestro cómodo pensamiento pasivo. Es posible que se acomoden en la seguridad económica que les da el control sobre los bienes de la tierra: petróleo y todo tipo de minerales, incluida la tierra fértil, para dejar de lado los argumentos morales que son siempre más incómodos de eludir. Es más, si un poco de pensamiento ético te roza, sin darte cuenta, un trozo de alveolo cerebral, estás perdido: lo mismo tienes problemas para dormir.

Yo sugeriría a activistas del mundo que se pararan a filmar y fotografiar a todos estos simios salvajes que campan a sus anchas por las tierras palestinas, porque así comprenderíamos un poco mejor la naturaleza de su pensamiento y sus verdaderas razones. Miremos a este de la foto y pensemos qué nos inspira. A mi este ser humano me da asco. Su mirada y los gestos de su cuerpo me indican carencias de razonamientos lógicos, comportamientos primarios, violencia a flor de piel.

Si en lugar de seguir filmando y fotografiando a las víctimas palestinas cruzáramos al otro lado de la palestina ocupada y colgáramos en internet las caras de los asesinos, los que robaron las tierras de Qalqilya, los que tiran su mierda por las calles de Hebrón, los que arrancan los olivos y queman las cosechas de los palestinos; los que, en nombre de su inventada nacionalidad, viven en asentamientos y utilizan carreteras de uso exclusivo. Los que expulsan a la población palestina de Jerusalén y entierran la historia de Silwan para sacar pasajes de la Biblia, a lo mejor algo cambiaría. Porque hoy por hoy conocemos bien la profundidad del dolor palestino a través de los ojos negros de sus víctimas, del gesto ensimismado de quien se sabe sin protección, de las caras atónitas de los niños. Su dolor ha sido tan fotografiado, que se ha roto su derecho a la privacidad en aras de la denuncia del crimen.

Pero desconocemos las caras de los asesinos. Esas que deberían aparecer de continuo entre las webs que se precien, por si les reconocemos entre nuestras calles, por si les ven sus familiares. Por si se avergüenzan sus hijos. Monstruos como estos que aparecen en la foto protegidos por el ejército de ocupación. Monstruos que sin el ejército no son nada. Expongámosles, son ellos los asesinos, los verdaderos terroristas de nuestro siglo.

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3 pensamientos en “Contra los simios

  1. Es importante lo que dices. Poner rostro a los verdugos, así como, al menos, se hace con las víctimas. Por que si las víctimas necesitan de nuestra memoria, nuestro recuerdo y nuestra empatía, son los verdugos, victimarios, los que necesitan ser vistos, arrojados a la luz para descubrir sus nombres y podamos personificar, también la locura y el sinsentido.

  2. Gracias cristina por tu santa indignacin. Y muy bien expresada la idea de dios como recurso cuando no hay otros argumentos: me lo apunto para mi escrito sobre crisis i Salut mental, si permites….

    un besazo,

    Llus

  3. Mariano Rajoy no puede decir que sea un elegido por dios; ni que dios ha puesto al PP al frente de este país para librarle (una, grande, libre) de los males del mundo. Pero sí hace buen uso del lenguaje cuando, conscientemente, dice “haremos las cosas como dios manda”. Él no puede decir que hará las cosas como la Constitución manda, o los Derechos Humanos o la legislación o el bien común. Por otra parte sería bastante inapropiado que se lanzara con sinceridad a decirnos “haremos las cosas como Merkel nos manda” o “como los Mercados mandan” que es en realidad lo que hace.
    Sin embargo, el uso de esa frase tiene mucho truco: por una parte es una frase familiar, reconocida y reconocible que nos viene a decir que es hacer las cosas bien. Pero él no dice “bien” el dice “como dios manda” porque además presume con ello, no solo estar en posesión de la verdad, sino pertenecer al ámbito de las voces familiares que de pequeños nos decían “hay que comer como dios manda”, “hay que sentarse como dios manda”, “hay que lavarse como dios manda”.
    En el fondo, juega con las similitudes pero no nos aclara nada. Si no ¿por que no dice haremos las cosas como manda el programa?” A fin de cuentas la gente les votó por el programa, no por ser como dios. En fin, que dios está en su bando, como con Bush ¿no?

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