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Felipe_Gonz_lez_menor_tama_oEl primer escrache que se hizo en este país fue el de Felipe González con la OTAN. Cargadito de dinero de la CIA y del Pentágono, bien que nos escracheó a todos los españoles para que votáramos que sí. Yo, que en aquel entonces hacía campaña por el “NO” (faltaría más) y amanecía entre calles empapeladas de carteles “optimistas” y coloridos por el sí,  me sentía en el centro de un escrache. Hubo un momento en que no había donde mirar que no encontraras un “si”, pues tal era el empapelamiento.  Era un escrache en toda regla, nos rodearon a todos y en la OTAN estamos desde entonces. Luego Felipe escracheó a los trabajadores de este país con la reconversión industrial de la minería, la siderurgia, el sector de la energía, y luego, a ese escrache, poco a poco se sumaron los siempre diligentes empresarios deslocalizando las industrias tradicionales del país: zapatos, tejidos, juguetes, marroquinería… para dejar en la calle a varios millones de trabajadores.

Uno de los mayores y habituales escraches es el de las elecciones. Que terrible abrir la ventana de tu casa y encontrarte con un cartelón con la foto de Rajoy, por ejemplo …, abrir el buzón de tu correo en el portal de nuestras casas y encontrarnos con un montón de panfletos insistiendo en el escrache,  y más irritante aún si cabe,  encender la televisión para comprobar que ya no ves a Barrio Sésamo, sino a políticos del PP o del PSOE discutiendo y mintiendo, enseñando a nuestros hijos que las palabras se las lleva el viento y que importa un rábano mentir si con eso consigues lo que quieres ¿no es eso, pues, un escrache contra la ética?.

Pero hay más escraches realizados, – aparte del de los “cobradores del Frac” que son los profesionales de la cosa y llevan años en ello-, por parte de personas que hoy, justamente, los critican con cierta ferocidad: muchos funcionarios hicieron escraches a los políticos del PSOE en Andalucía porque nos redujeron los salarios y nos quitaron la paga. A continuación, muchos empresarios, que se llevan el dinero a cuentas suizas y el empleo a Filipinas, reaccionaron diligentemente y nos escrachearon diciendo que, en realidad, éramos una élite privilegiada. Los periodistas tampoco perdieron el paso y se unieron a denunciar “nuestros privilegios” y a justificar los recortes de todo tipo.

Pero vayamos a otra cosa ¿cómo es posible que Felipe González, que es consejero de Gas Natural Fenosa y cobra 126.000 euros añadidos a otras nóminas y José Mª Aznar que cobra 200.00 por lo mismo en Endesa se atrevan a hablar si son los mayores escrachadores del país que están dando lugar a una realidad nueva llamada “pobreza energética” y que afecta, según la Cruz Roja, a cuatro millones de españoles? ¿Saben, siquiera, que 1 de cada 10 hogares no pueden pagar un gasto energético que suba de los 18º las habitaciones de los niños? ¿les importa?

Cuando Felipe González se pregunta “por qué un niño tiene que aguantar la presión en la puerta de su casa” no piensa en la infancia y en sus derechos, porque si pensara en ellos habría hablado antes para decir que es inmoral expulsar a familias enteras de su domicilio habitual y enviarlas debajo de un puente. O hubiera pensado en los niños y niñas de este país que no logran apenas una comida caliente al día y se desmayan en el cole. O hubiera pensado en los millones de niños y niñas del mundo que pasan hambre, o en aquéllos que  crecen esclavizados junto a las minas de diamantes o en las plantaciones de café y cacao. Podríamos también hablar de los niños que viven en situaciones de guerra o los que viven o mueren bajo la ocupación israelí y el apartheid en Palestina; o los que sufrieron los sanguinarios bombardeos en Iraq y ahora sufren la miseria más aberrante en un país con las segundas reservas de petróleo del mundo.

Pero no, de ello no se habla, porque la cuestión no es el escrache, que se ejerce habitualmente desde el poder político y económico de diversas formas, ni tampoco son los niños en general, dado que un número muy importante de ellos en este país, son expulsados junto con sus familias por un escrache uniformado que se llama “desahucio”, y otros, fuera de nuestro país mueren, sin que nadie se ruborice por ello, de hambre, frío y enfermedades curables.

No nos engañemos: lo que les duele es que aún se encuentren  “rendijas” en esta democracia putrefacta para que la gente tenga la opción de hablar, la opción de presionar por sus derechos, en definitiva un poco de poder del que nunca deberían haberse visto privados, dado que esto que tenemos entre manos lo llamamos democracia. Eso es lo que les duele y lo que critican, aunque sienten vergüenza para enarbolar sus verdaderos motivos: la solidaridad de clase que les unen a los poderosos del mundo, a los que mueven el dinero, a los que generan las pobrezas, a los que expulsan a los niños de sus casas o a los que bombardean ciudades sin piedad. Pero claro esto no sería ni medianamente políticamente correcto, por eso es recurrente, para el poder, la utilización de los niños. De los niños siempre y cuando sean los hijos de los poderosos, aunque ese matiz, también se olvide oportunamente.

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