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Unknown-1Acabo de hacer un curso de estadísticas y sé de lo que hablo. Pero antes os voy a decir las razones para escribir lo que escribo: el hastío de encontrar en cada medio de comunicación “la excepcionalidad” de la elección de un nuevo Papa. La quiebra en valores al hacernos creer que un método tan antidemocrático de elección en el que no solo las mujeres, sino el 99’99% de la comunidad católica del mundo está excluida, tiene algo de mágico, de grandioso, de respetuoso, en lugar de paleolítico. Los términos en los que se han citado hasta la saciedad los tópicos, los ritos, los pasos a seguir no solo han ido dirigidos a hacer olvidar la falta de democracia y transparencia de todo el proceso, sino, ya de paso, el resto de los problemas que tiene la humanidad. Mientras recogía los datos de pobreza en el mundo – 1.345 millones de personas viven con 1’25$/día; del hambre: 985 millones de personas sufren hambre de forma cotidiana; de las guerras: más de 30 conflictos abiertos en el mundo; de trata de menores: 1.200.000 niños son cada año objeto de la trata de esclavos; de desastres: 4.500.000 niños en el Sahel tendrán malnutrición; la esperanza de vida: más de una docena de países cuya población apenas llega a la media de 50 años, digo, mientras recogía estos datos, salía la fumata blanca esperada y el nuevo Papa se asomaba al balcón. Antes de conocerle ya sabía, como sabía mucha gente, que de esa pandilla de seres acomodados y alejados del mundo no podría salir una persona coherente con lo que predica, que cumpla, y haga cumplir, los mandamientos de los que ellos llaman “Santa Madre Iglesia”. Antes de que saliera me indignaba por la servidumbre de los medios de comunicación, porque nos hacían creer que algo grande estaba a punto de ocurrir, cuando lo que va a ocurrir es que van a permitir que todo siga igual y que no habrá esperanza para las millones de maquiladoras explotadas en todo el mundo, ni para los niños explotados, ni para las mujeres abusadas, porque la propia estructura de la iglesia hace a la mujer ser la sirvienta de los hombres dado que nunca podrá acceder a un puesto de relevancia, ni en Roma ni en su parroquia. Durante estos días que los medios de comunicación nos han estado entreteniendo con sus reportajes absurdos sobre la excepcionalidad, el valor de la renuncia de una persona tan absolutamente ambiciosa como el predecesor de éste que sale hoy al balcón, y sobre la “magia” de las ceremonias y los ritos, la gente siguió encontrando el despido en su mesa de trabajo; los inmigrantes seguían muriendo en el Estrecho; las familias se ayudan unas a otras para superar la pobreza impuesta; los negocios se siguen cerrando y tanto el gobierno, como los medios de comunicación nos tratan como estúpidos llenándonos la cabeza con la creencia de que somos testigos de un hecho histórico, como si no fuera un hecho histórico de mucha mayor relevancia la crisis económica y ética que estamos viviendo y no lo fuera también el nivel de corrupción que la ha hecho posible en ambos casos. Después de leer el nombre del nuevo Papa, descubro a un furioso homófobo (ya basta, por favor) que dice que la homosexualidad está en contra de los planes de Dios (claro, ha recibido un twitter directamente desde el paraíso dándole instrucciones) y un señalado colaborador de las dictaduras militares de Argentina. Frente a las loas y a los discursos yo sí quiero hacer una oración: por las mujeres esclavizadas, abusadas, traficadas; por aquéllas que encuentran miles de impedimentos para llegar a donde quieren; por los niños que han sido esclavizados, abusados o traficados; por los parados y paradas de este país; por los habitantes de tantos países que, simplemente por el hecho de nacer allí, no podrán llegar a ser Papa nunca porque ellos mueren antes de cumplir los cincuenta, mientras que para ser Papa es necesario tener al menos 70 años, y si es posible, 80. Por los Sirios, que mueren cada día; por los que sufren los conflictos del mundo, por los yemeníes, por los habitantes de Mali, por los Sudaneses, por los de Sierra Leona, por los que mueren en el Estrecho; por los esclavos de las explotaciones de minerales estratégicos en África; por los 1.345 millones de personas que viven con menos de 1’25$/día; por los más de 27 millones de refugiados que dice Acnur que hay en el mundo (más los palestinos, que son seis millones más) y por los más de 100.000 niños y niñas que, solo en Mali, están expuestos a las minas antipersonas. He visto al Papa salir al balcón, complacerse con el grito de la multitud, orondo en su barriga, tranquilo. Dicen que los Papas lloran cuando se dan cuenta de las que les ha caído encima y que por eso al lugar donde los visten de blanco, le llaman la sala de las lágrimas. Supongo que tienen algo de razón para que les tiemblen las piernas y se les nuble la vista, pues llevar adelante semejantes negocios, no ha de ser fácil. Pero no nos dejemos engañar. Su tarea, en este mundo. Nada tiene que ver con Dios, en el supuesto de que exista, aunque los medios de comunicación y el poder, se empeñen en ello. La siguiente foto, sin duda será la de las ministras con mantilla en audiencia en el Vaticano. Todo en orden.

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2 pensamientos en “Fumata negra

  1. Es un excelente antidepresivo, tu articulo. Es cierto: los medios, la liturgia y toda la parafernlia paleoperversa se te enganchan en la piel y el corazn: hace falta despellejarse de ese veneno frotandolo con la dura realidad!

    un abrazo,

    Llus

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