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basura solidariaLos ecologistas seguro que me critican por esta antigua costumbre que tengo de poner un trozo de periódico en el fondo de la bolsa de basuras con el objeto de prevenir accidentes molestos. Mi madre lo hacía siempre y es especialmente útil en verano, cuando el calor hace que la fruta se pudra rápidamente y se convierta en un líquido pestilente. Podía reciclarlo, pero es que he encontrado un nuevo motivo para hacerlo, una nueva y satisfactoria utilidad a esa costumbre, y es ejercer a través de este pequeño hurto al reciclaje, la venganza personal contra aquéllos que nos caen fatal porque forman parte del estamento de los estafadores, trepas, defraudadores, corruptos y gente que nos dan mal vivir. Así, José Mª Aznar pobló muchos fondos de las bolsas de basura, especialmente en su época bélica y Bushiana, ( aquella famosa foto de las Azores). Por supuesto Rajoy ha hecho méritos para heredar ese trono casero y lo comparte con parte de su séquito de mujeres, a cada cual más impresentable y de sus hombres. Cuando Montoro anunció los recortes a los funcionarios con su característica sonrisa del gnomo malo del bosque, yo le coloqué en el fondo de la bolsa de basura, bien recortado, para que las vísceras del pescado le cayeran en toda la cara. Pero no solo de políticos vive mi bolsa de basura. Hay gente detestable que sale constantemente en los periódicos enriqueciéndose a costa de la esclavitud de otros o despreciando las dificultades del resto del mundo. Mi última bolsa de basura lleva la foto de Amancio Ortega, ese hombre que, con cara de no haber roto nunca un plato, los está rompiendo todos y fundamentalmente en las caras de las mujeres: las que esclaviza en Marruecos y otros países, incluido el nuestro, las que esclaviza con las modas, las que arruina con su ropa- basura, y sus tallas imposibles etc.,  para crear el gran imperio Inditex a costa de lo que sea. Miles de mujeres trabajan a su servicio por una miseria muchas horas al día, sufriendo además todo tipo de abusos. Hay un aluvión de noticias y datos en internet y no los voy a repetir. Cada trozo de ese aluvión se corresponde con una parte de abuso.

Cuando Amancio Ortega, el rey de la deslocalización industrial, anunció su donativo a Cáritas a través de su fundación (una buena forma, además de evadir impuestos) decidi que se había ganado estar en el fondo de mi bolsa de basura, que merecía que le echara espinas y despojos de pescado, vísceras de animales y verduras pasadas. Que merecía que no solo fuera esto virtual, sino real, que no se puede ir por la vida de patriota y dando lecciones y luego ser un explotador de mierda, un misógino y un cínico.

En Málaga, donde Cortefiel también deslocalizó ya hace años su “fábrica de las camisas” sabemos de mucho de eso. Hubo miles de mujeres trabajando en el textil que luego quedaron en los años 90 en unos centenares y luego en nada…. recuerdo cómo ellas mismas explicaban con honda preocupación que las llevaban a Marruecos a enseñar a las mujeres que, por un tercio de su salario, se quedarían con su trabajo. Y comprendo perfectamente la  lúcida reflexión de Lucía Etxebarría, la rabia que da el cinismo con que obran los poderosos. Esos 20 millones de euros que da el hombre más poderoso del país para que muchas familias puedan comer caliente, no es más que la versión actual de la campaña franquista “siente un pobre a su mesa”. No son más que las migajas de su fortuna, la calderilla que daría en un semáforo a alguien que pide, o a un músico ambulante, mientras amasa su fortuna, calcula la desgravación al fisco que ello le va a acarrear y lo bien que va a quedar, siendo un rico moderno y comprometido.

Porque los ricos modernos son así, comprometidos en lo superficial y cínicos en lo profundo; pero si algo les caracteriza y les uniformiza a todos ellos es que no tienen patria y por tanto ¿a qué tanto ruido si se lleva el empleo a dónde los trabajadores o trabajadoras no tienen derechos ni sindicatos que les amparen si su patria, como la del capital, es el mundo?

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2 pensamientos en “Siente a un pobre a su mesa

  1. Lxs ricxs siempre han sido así: explotadores, lxs modernxs y lxs de antes, y creo que ni siquiera se merecen estar al fondo de tu bolsa de basura, aunque como terapia sí puede funcionar ver estamparse los desperdicios en su solidez facial. Tampoco hay que olvidar que tenemos el poder, a veces minusvalorado, de no ser sus clientes. Un saludo, Cristina

    • De acuerdo contigo, practico también mis derechos a no ser cliente, que son los que más les duelen. Pero levanto la voz por si alguien también la escucha y decide, como tu dices, dejar de ser su cliente.

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