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DSC02015Viajar a Palestina es escribir. Todos lo hemos hecho en mayor o menor medida porque el contexto que compartiremos con los palestinos es tan fuerte que no es posible sustraerse a una reflexión. Activistas de todo tipo, gente solidaria, observadores escriben lo que ven, aunque se repita una y otra vez. Escribimos por necesidad, para sacar de dentro algo de la angustia que nos invade. Pero también lo hacemos para que otra gente sepa lo que pasa allí, un mandato que nos dan los palestinos casi de forma unánime: “por favor, contad lo que habéis visto”. Pero quizás sea la ocupación de Palestina el conflicto que más ríos de tinta ha provocado de todos los puntos de vista posibles. Imposible, por otra parte, conocer con exactitud la producción bibliográfica que hay al respecto, pues cada año salen docenas de títulos relacionados con algunos de los aspectos de la ocupación o sobre la ocupación en sí misma. Dejando a un lado la extensísima bibliografía sionista y prosionista que justifica los desmanes del estado de Israel, aún quedan tantos matices como autores, siendo sorprendente la facilidad con que algunos autores simplemente se alejan tanto para escribir que su obra es una suma de anécdotas con algunos datos de mayor o menor interés. No es fácil escribir cosas nuevas de Palestina a quien apenas profundiza en el conflicto o en alguno de los aspectos que caracterizan la Ocupación como son la violencia desmedida, la  filosofía que sostiene y alimenta esta violencia, los antecedentes históricos del plan de colonización del Gran Israel, o las alternativas de Estado binacional, por poner algunos casos. Pero, sobre el terreno, la vida cotidiana descubre siempre vidas insoportables, luchas colectivas e individuales, y, en fin, el progreso de una ocupación civil y militar que, como consecuencia, hará que un posible Estado Palestino sea inviable en el futuro Vidas y experiencias que siguen siendo fuente de inspiración y de concienciación y que impulsan la solidaridad internacional de forma contundente.

No es, por tanto, imposible decir cosas nuevas. Libros de este año nos muestran los enormes matices de los distintos autores.

Guy Delisle y su “Crónicas de Jerusalén” 

Cayó en mis manos antes del verano y le dediqué el tiempo necesario para leerlo completamente. Luego lo he revisado y he buscado al autor en Internet. He ojeado otras obras del mismo, críticas etc. El libro es, desde el punto de vista del dibujo impecable, desde el punto de vista de la narración aburrido y con escasa información. No consigue dar fuerza a su historia y, en todo caso hay que reseñar que la caracterización de los personajes se centre mucho más en la población judía israelí ( colonos, ortodoxos de todo tipo, civiles, militares, policías, activistas, etc.), que en los palestinos. De hecho solo dibuja una kufiya en todo el cómic que aparece en la página 102[1]. La kufiya palestina, huelga decir, es la indumentaria más identificativa del pueblo Palestino y es usada de forma muy general por la población, fundamentalmente por los hombres, pero también por las mujeres. Había algo que no me cuadraba y tardé en darme cuenta que se trataba de la ausencia de identificación en las viñetas de la población palestina como colectivo. Guy Delisle no es Joe Sacco. Le falta su fuerza y su contundencia, pero habrá quien opine que el libro merece la pena, de hecho, Delisle dibuja bien y sus trazados urbanos, los paisajes desolados de Jerusalén Este, el carácter de los edificios, etc., están muy bien representados. Pero es a la gente a la que le falta la vitalidad y la fuerza que tienen, y la mayor parte de los hombres palestinos que representa no solo carecen de características como pueblo, sino que aparecen desalentados, mal afeitados, tristes y abotagardos. Es curioso también que encontremos en Internet quizás viñetas más contundentes sobre la realidad de Palestina que en el libro.

Jordi Raich y su “Caos Sostenible”

Fue mi amigo Santi el que me dejó este libro y me anotó algunas cosas del mismo. “Se lee rápido” me dijo, y me dejó un par de páginas dobladas con indicaciones. Hoy he acabado de leerlo por tercera vez porque no quería hacer un comentario precipitado del mismo. También he buscado al autor en Internet y he constatado que mucha de su información es errónea. Raich es el tipo de persona que cabe en la definición de: “ama la humanidad y odia al individuo” y bajo ese prisma ha escrito un libro que destila un desprecio mantenido a lo largo de todo el texto. No puede eludir que Palestina esté ocupada y que la población sufre enormemente el acoso y los ataques de Israel, pero no soporta a los palestinos. El tono del libro es deprimente de principio a fin. Escasamente se encuentra algún comentario positivo sobre los palestinos y parece incapaz de comprender lo que es vivir bajo ocupación durante generaciones, de tal manera que los ridiculiza dando una imagen de ellos de mentirosos, informales, charlatanes, pasionales, victimistas, folklóricos, caóticos y traicioneros. Como ejemplo, coincide con una manifestación en Gaza y dice que deja pasar “la masa enfurecida”. A Gaza, por cierto, la llama con el neologismo peyorativo preferido por los militares israelíes: “Hamastán” lo que supone una simplificación malvada de la realidad de Gaza y una enorme falta de respeto a su gente.

Si el autor hubiera manifestado otro talante, hubiera sido mucho más fácil pasar por alto algunos comentarios, pero el libro comienza poniendo en boca de un palestino la siguiente frase: “los israelíes y los palestinos nos unen muchas más cosas de las que nos separan. Pero nos gusta pelearnos por cosas nimias”. Al lector le puede parecer, con esta afirmación, que palestinos e israelíes se pelean porque sí, y que, en realidad, mantienen el conflicto por intereses mezquinos. Que la realidad es muy diferente, no creo que haya que contarlo, pero la frase viene a banalizar de nuevo, no sólo la pesadumbre de la vida palestina, sino el muro, la judaización de Jerusalén, el asedio de Gaza, los asentamientos y, en fin, miles de causas cotidianas que impiden una vida digna y honrosa con un poco de seguridad en el presente y para el futuro. Y acaba poniendo en boca de otro palestino el siguiente pensamiento: “es más fácil convencer a los israelíes que a los palestinos de la necesidad de luchar para cambiar las cosas”, de forma que el lector concluye que no hay palestinos luchando en ningún frente, que no hay gente organizada defendiendo sus tierras y sus derechos, que no hay palestinos en las cárceles de Israel condenados por su resistencia política a la opresión y ocupación. Pero antes de llegar aquí ha dedicado un capítulo al hummus, dos a los souvenirs, otro más a la menorá judía, a la comida kosher, uno al zoo de Jerusalén y otros  dos al fútbol. Y ha dicho que los palestinos e israelíes “adoran” hablar del conflicto (debe ser por masoquismo) ; que la vida de los barrios árabes son un caos, que los palestinos son informales, que se entrevistó en Gaza en un “merendero” (la terraza del hotel Aldira, uno de los más lujosos de Gaza) con su amigo, un tal Rachid del Centro Palestino de Derechos Humanos que no existe, como se puede comprobar en su web[2], por mucho que diga en el libro que “es su amigo”. El director de este Centro de referencia internacional para los Derechos Humanos es Raji Sourani y en la web www.pchrgaza.org se puede ver su curriculum que es un resumen de toda una vida dedicada en cuerpo y alma a los derechos humanos del pueblo palestino y una persona enormemente respetada tanto en Palestina como en el resto del mundo. La posible “confusión” de nombre – por dos veces – en el libro viene a corroborar que Raich no tiene mayor interés en lo que pasa allí ni quiénes son la gente que verdaderamente lucha por traer dignidad a las víctimas.

Una forma sutil de banalizar la vida de los palestinos, sus dificultades, su vida con todo el respeto que merecen son comentarios como los siguientes: Por ejemplo, por dos veces, cuando está en Gaza y en Nablús, Raich se asombra por que los palestinos van muy rápidos en sus coches y él asegura que lo hacen “aunque no van a ninguna parte”. Esta suposición de que corren aunque no tienen nada que hacer o no van a ninguna parte, dando por supuesto que la gente no tiene vida y se mueve porque sí, y no porque tengan que ir al trabajo, a la universidad, al mercado, a ver a familiares, al hospital, deja claro su desprecio e incomprensión por una población bajo la ocupación. Enviado por la Cruz Roja Internacional a Palestina, parece imposible que se haya leído, al menos, lo más básico del mandato de la ICRC, a saber:  Inspirar, estimular, facilitar y promover en todo momento todas las formas de actividades humanitarias realizadas por las sociedades Nacionales, con el propósito de prevenir y aliviar el sufrimiento humano, con lo que se contribuye al mantenimiento y la promoción de la dignidad humana y la paz en el mundo. Claro que así también podemos comprender que las últimas noticias en la web de la Cruz Roja Internacional sobre Palestina sean de enero del 2009, más de tres años y medios sin noticias es demasiado para una organización internacional con mandato específico de protección de la población civil y de promoción de la dignidad humana.

Podría comentar muchos otros detalles, pero dejo que quien quiera lo lea y lo compruebe. Pero le rogaría que buscara en internet algunas cosas, por ejemplo, la información de “Alternative Tour”  ya que Raich les dedica toda serie de “piropos”. El capítulo que dedica a ellos no tiene desperdicio, pero no solo por lo que dice Raich de ellos, sino por lo que dice de él mismo. El “trotamundo solitario que lleva dentro” prefiere la “aventura” a los tours guiados. Pero además considera que visitar los campos de refugiados es como “ir de caza con los yanomamis”. Abu, el guía del tour, es un ejemplo más de la “informalidad local” que describe la realidad “con tópicos victimistas que la audiencia adora escuchar”, y que hace “escaramuzas folklóricas con los soldados hebreos de los controles”. De nuevo le salva un amigo árabe que le dice a Raich que “cuando desaparezca la justificación israelí para la incompetencia palestina….” Para acabar el capítulo diciendo que “el conflicto continuará muchos años porque luchar es la opción más fácil

Raich aprovecha para dejarse también bien retratado: bibliófilo, aventurero, buen comensal y conversador, anticlerical, ateo, trotamundos solitario… un retrato hecho a medida para un libro hecho también a su medida.

No quiero dedicar más párrafos a este libro, aunque sí quiero dejar un homenaje al libro Viaje a Palestina” de Luis Reyes Blanc publicado en 1999 y, aún así, lleno de actualidad. Es un hermoso libro de viajes, ejemplo de respeto, cariño y conocimiento profundo de la historia y de la actualidad y que aprovecha cada capítulo para contar relatos hermosos, que van desde que, en Palestina, la arqueología es un arma de guerra, hasta el gozo de las mujeres bañándose por primera vez en el mar de Gaza después de la cruel prohibición de Israel de acercarse al mar. La feliz redacción de cómo los palestinos levantan toldos, se sientan a charlar y a la sombra,  comen frescas sandías al borde del mar; y cómo las mujeres, vestidas de la cabeza a los pies se ríen al sentir el mar refrescar su piel es, en sí misma, merecedora de la lectura del libro. Luis Reyes Blanc no tiene miedo a decir que aspirar a escribir con objetividad es una ingenuidad y que su exposición es absolutamente subjetiva. Se agradece este talante generoso y sincero que permanece a lo largo del libro. Sin duda un libro clave para quien se quiera acercar a Palestina porque él disfruta contando lo que ha sentido y lo que ha visto y trasmite la necesidad de conocer más.

Esta breve reseña al libro de Luis Reyes Blanc viene a cuento de que no hay por qué hacer de cada libro de Palestina un manual de activismo, pero sí que creo que no se puede mentir ni humillar a un pueblo ocupado, al que la propia Comunidad Internacional lo ha inducido a dinámicas suicidas con compromisos dirigidos a la financiación y subvención y no a la consecución de sus derechos individuales y colectivos. En tal tesitura y con el abandono de la Comunidad Internacional, no podemos decirles, encima, que sean buenas víctimas y que dejen de quejarse.

Pero el objeto de estas notas es contar también los dos descubrimientos últimos: el libro de “Viaje a la Palestina Ocupada” del filósofo y activista Eric Hazan y “A través de los Muros” de Eyal Weizman. Eric Hazan recorrió Cisjordania en el 2006 en un viaje organizado por Michel Warschawski . Recorre las principales ciudades, se entrevista con gentes de todo tipo y pasa cada check point sin coche oficial ni mandato de Naciones Unidas. Sinceramente sorprendente, es un libro revelador que ayuda a comprender qué es Palestina hoy. El viaje está hecho después de que Hamas ganara las elecciones generales y gran parte de las entrevistas y comentarios son reacciones a esa nueva realidad. A pesar de que seis años es mucho para la realidad Palestina tan cambiante, el libro está lleno de actualidad. Hazan hace un esfuerzo por explicar lo que ve, e incluye en el libro algunas imágenes y, sobre todo, esquemas territoriales simplificados, de manera que el lector puede hacerse una idea del laberinto en el que tienen que resolver sus vidas la población palestina. Pero también elige muy bien un elenco de personas diversas con las que hablar y cuyas conversaciones son prácticamente transcritas en el libro, entre ellas, la entrevista con Bassan Chaka, que fue alcalde de Nablús en los años 70 y sufrió un atentado que le dejó sin sus piernas; miembros de Hamas, Fatah, PFLP, asociaciones de mujeres, colectivos educativos, y, en fin todo tipo de personas. De su viaje, concluye Hazan que la palabra “muro” es engañosa de la realidad, así como la palabra “ocupación” que debería sustituirse por “anexión” y que es útil “romper el silencio” y contar lo que vemos.

A través del libro alcanzamos a conocer el talante del viajero, su compromiso, su valor, su generosidad, su interés por explicar de forma sencilla todo lo que ve y siente. Una joya que agradecemos que se haya traducido y publicado en nuestro país.

Finalmente, “A través de los Muros”  de Eyal Weizman nos cuenta cómo el ejército israelí reinventó la guerra urbana a través del diseño de nuevos espacios de acceso, comunicación, bloqueos y asaltos, en lo que llaman “la geometría inversa”. Weizman hace su relato partiendo de las operaciones del ejército israelí en 2002 en su operación “Escudo Defensivo” en la ciudad histórica de Nablus, en Belén, en Ramala y en el campo de refugiados de Jenín. El ejército israelí inicia un nuevo modelo de guerras, las teoriza y las pone en práctica en diversos contextos urbanos y esto despierta la atención y el interés de gobiernos como en británico y el estadounidense que preparan la guerra de Iraq y que seguirán muy de cerca estas estrategias a pesar de las críticas internacionales a esta ofensiva. Weizman lo dice, Cisjordania se había convertido en un inmenso laboratorio de guerra urbana, en el que, tan importante era la creación y control de nuevos espacios de comunicación, como lo que el autor llama “Haussmanización”, es decir, aplicar el mismo modelo de Haussman en París con el mismo objeto, abrir grandes espacios para asegurar un control rápido del mismo no solo en ese momento, sino en el futuro.

Creo que estos dos libros se unirán a los de Ilan Pappé, Michel Warshawaski, Nur Masalha, Salah Jamal, Teresa Aranguren, Ignacio Gutierrez de Terán, Alain Gresh y otros muchos estudiosos, activistas, periodistas, etc que han ido dándonos claves para conocer mejor la lucha ingente del pueblo palestino, así como algunas claves para comprender el abandono al que le tiene sometido el mundo. Y además con estos dos libros se sigue poniendo de manifiesto que hay una parte de la intelectualidad judía – al menos en origen – que tiene claro que no se sienten representados por un estado opresor y totalitario como es Israel. Eric Hazan y Eyal Weizman son dos ejemplos de ello, y los lectores agradecerán su coherencia.Imagen


[1] De hecho aparecen dos, pero la otra es la reproducción de un cartel de Obama con ella en la cabeza.

[2] Además, pertenezco a una ONG que es contraparte de este Centro desde hace 15 años y los conocemos muy bien. Nunca hubo un Rashid allí.

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