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Conocí a Nasab en mayo del 2008 en casa de unos amigos comunes. Estaba embarazada de tres bebés y estaba tan gorda como feliz. Pero un embarazo de tres no es fácil en un lugar como Gaza, donde cualquier cosa puede convertirse en un gran pro

blema y cuando se le adelantó el parto, le dijeron en el hospital de Shifa que no tenía instalaciones para tres bebés diminutos y de muy poco tiempo. Seguramente comenzó, entonces, la peor época de su vida, pagando caro el hecho de nacer y vivir en Gaza. Nasab no obtuvo el permiso por parte de los militares israelíes hasta un mes después de pedirlo, fue obligada a pasar por los rayos x al cruzar la frontera y una vez en Jerusalén, el 19 de junio, el médico le hizo una cesárea y nacieron los tres bebés. Una pesaba 1’200kg, otra 1’100kg y un niño que pesó 970gr. Los bebés pasaron a la incubadora, aunque los médicos le dijeron que su salud no era buena. Cuando Nasab se recuperó, fue obligada a regresar a Gaza, pues, según el gobierno israelí, ella no tenía permiso para continuar allí ni ninguna razón para dárselo. Cada mes obtuvo un permiso por unos días para ver a sus niños. La primera vez que volvió una de las niñas había muerto. La segunda, pudo traerse a la otra niña, Hanna. Pero el pequeño Saud tuvo que permanecer en la incubadora sin la cercanía de su madre durante siete meses y cuatro días. El último permiso que le dieron a la madre para visitar a su hijo fue el 15 de diciembre. Después todo se volvió negro, comenzó la guerra, cerraron la frontera y la supervivencia en Gaza se hizo muy difícil. Nasab tuvo que escuchar por teléfono desde Gaza que su hijo había muerto y que, al igual que su hija sería enterrado en Jerusalén sin su presencia. Supongo que no era suficiente la locura de la guerra para sentir el golpe de la muerte de un hijo pequeño que apenas ha podido tener entre sus brazos alguna vez. Saud murió el 24 de enero, hace ahora tres años. Lo que más me gusta de Nasab es su sonrisa, su esperanza y su fuerza. Nasab es fuerte como la gente de Gaza. Enseña a todo el mundo la foto de la pequeña Hanna, que tiene ya más de tres años y medio y se siente enormemente feliz de tenerla. Pero en su mirada hay un velo de incertidumbre pues no sabe si, en Gaza, podrá intentar de nuevo otro embarazo. Intentarlo y que no le vaya en ello la vida con tanto sufrimiento, intentarlo y que no haya otra guerra, intentarlo y que no haya asedio; intentarlo y que no cierren las fronteras… intentarlo y que no falte anestesia o medicamentos, que no falte la luz para que de calor a las incubadoras… que no falte… que no falte… que no ataquen…
Dedicado a Saud, que murió hace tres años en una guerra llamada asedio, permitida y aceptada por la comunidad internacional.
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